Nuestro teatro

"Escenas de puerta de colegio"

Cuatro madres con cuatro perfiles muy distintos pero muy típicos, comentan sobre la escuela y los profesores de sus hijos. Critican estereotipos como que "los profesores no hacen nada" o que "es la escuela la que tiene que educar a los niños". También aparece el tema de los deberes, la comida del comedor, el mindfullness... Es una obra irónica en la que tratamos de hacer ver los frecuentes comentarios, con poco fundamento, que se hacen sobre la escuela y los profesores.

El teatro nos ha parecido una actividad muy divertida y creativa. Hemos puesto en marcha nuestra imaginación y nos hemos creído totalmente nuestros personajes. Desde luego que el teatro ayuda a desarrollar la empatía, puesto que nos ponemos en el lugar del personaje e intentamos entenderle  y comprender su situación


Nos gustaría destacar lo importante que es el teatro para perder el miedo a hablar en público y coger más soltura en la expresión oral: hemos tenido que estar pendientes de mirar al público, gesticular, hablar con un tono de vez alto. Ha sido un trabajo en equipo, en el que hemos aprendido unas de otras y nos ha gustado mucho ver como cada una aportaba sus ideas. Además, el hecho de ver las obras de teatro que han preparado nuestros compañeros de clase hace que valoremos y reconozcamos más el trabajo de los demás. 


En definitiva, consideramos que llevar el teatro al aula es una experiencia muy enriquecedora y divertida para realizar con los alumnos en cualquier curso, adaptándonos a los distintos niveles. Es una actividad en la que además se trabaja la lectura y la escritura de un modo ameno y atractivo.

A continuación, dejamos escrito el diálogo de nuestra obra de teatro:



ESCENAS DE PUERTA DE COLEGIO


Escena entrada del colegio
Moni está la primera ya en la puerta del colegio esperando a la entrada (hablando por teléfono). Casi a la vez llegan la Conchi y Tamara. Conchi se cierra la chaqueta y cruza los brazos mientras Tamara va moviendo sus imponentes curvas.
-      Buenos días – dice Conchi, muy repipi.
-      ¡Holi guapi! – saluda Tamara.

Mientras tanto, Moni las saluda con la mano porque está hablando por teléfono; parece muy ocupada, como siempre.
-      Érase una vez una mujer pegada a un teléfono – dice Conchi.
-      Para variar, cada una tienes sus cosillas – suspira Tamara mientras mueve la mano.
-      Pues yo no tengo na’ – alega Conchi, con rotundidad, tocándose el brazo. 

Moni termina de hablar por teléfono y se acerca a Conchi y a Tami.
-      ¿Qué tal gordi, qué tal estás? – dice Tami, cariñosa.
-      Super liada, eh, super liada, super liada... Pero si me voy a tener que coger un tren a Valencia… bueno, ya véis. - suspira Moni.
-      Qué estrés de vida, ¿no? – dice Tami con indiferencia.
-      Fatal, fatal… y encima, ¡los papeles del divorcio! – se lamenta Moni.
-      Pero que lo haga todo el abogado – dice Tami con pasotismo.
-      ¡No, no! Yo quiero que todo pase por mis manos – dice Moni.
-       La gente de hoy en día se divorcia con tanta facilidad... - suspira con desprecio Conchi.
-       Es que cuando tienes mucho trabajo...¡pues es lo que pasa!– se defiende Moni.
-       Unas también tenemos un trabajo, ¡oye!– se exalta Conchi, ofendida.
-       Bueno, bueno… delante de los niños mejor no discutamos – dice Moni.
-       Por cierto, ¿Y Amparito? – pregunta Moni.
-       ¿Amparito? – pregunta con ironía Tami.
-       Pues llegando tarde como siempre, anda que vaya preguntas tienes... – dice Conchi.
-       Es verdad, pobres niños, pobres niños – suspira Moni llevándose la mano a la cabeza.
-       Adiós chicos, luego os veo – casi susurra Tami, despidiéndose de sus hijos.
-       Chicos, ¡no os olvidéis de traer la agenda! – grita Moni.
-       Manolito, no me manches la sudadera que luego me toca lavarla a mieh – grita la Conchi – Cuidadito con lo que haces -. Es que su padre… mucho fútbol mucho fútbol, pero de los niños, ni se encarga-.
-      Conchi, una asistenta – le dice Tami.

Suena el timbre y llega Amparo corriendo y con la lengua fuera; tarde como siempre.
-       Mira por dónde viene Amparito, lo que he dicho, los niños sin abrigo – dice riéndose Moni.
-       ¡Hola gordi! – dice Tami.
-       Eh, venga niños, ¡al cole! – dice agobiada Amparo.
-       Mírala…. Uy, uy, quépintas me trae – dice Tami, mientras Conchi pone cara de desaprobación. ¿Qué tal estás gordi? – preguntaTami a la recién llegada.
-       Bien, bien, aquí estamos... – dice asfixiada Amparo.
-       Amparito, ¡que tienes la mochila del niño! – dice recriminándoleConchi.
-       Ay, ¡la mochila! – se sobresalta Amparo, mientras llama a su hijo para dársela.
-       Anda que esta mujer... – dice Conchi mientras repasa a Amparo.
-       Bueno chicas,yo me voy a ir yendo al gimnasio porque este cuerpo se tiene que mantener – dice Tami mientrasse pasa la mano por la cadera. 
-       Oye, ¿os han citado a vosotras para las tutorías? Porque a mí me las están empezando a dar y me tengo que organizar – dice agobiada Moni.
-       Yo tengo hoy la primera – dice picarona Tami, guiñando un ojo a Moni.
-       ¡Bah!Qué más da, yo no tengo nada apuntado. Si pa’ eso, al final saca tiempo una - apunta Amparitocon desgana.
-       Me parece una vergüenza, tanta cita, tanta cita...Como no tienen nada que hacer... ¿De dónde quieren que saque el tiempo? Con todo el tiempo libre que tienen los profesores, marcándome ellos las horas – apunta Conchi indignada.
-       ¡Ah!Pues mira, yo estoy encantada eh, porque yo tengo hoy con el tutor de Jacobo… Ay madre mía cómo está;le voy a dar yo un repasito en la tutoría que ya verás – dice Tami de manera descarada.
-       Anda que el Borjita… - dice Conchi a Amparo dándole con la mano en la chaqueta, haciendo un gesto de cuernos.
-       Ya… pobre Borja, pobre Borja – dice Amparitocon pena.
-       ¿Para qué quieres tú más hombres? – preguntaMoni dirigiéndose a su amiga.
-       ¿Yo, hombres? Todos los que pueda. – responde Tami sin pensárselo dos veces.
-       Bueno chicas, nos vemos esta tarde que yo me tengo que ir a trabajar – dice Moni casi marchándose de escena.
-       ¡Hasta luego! – dice Conchi.
-       Adiós, adiós. – dice Amparo con desgana.
-      ¡Adiós chiquis! – se despide Tami.

Escena después del colegio
Moni y Conchi ya están en la puerta del colegio cuando llegan Tami y Amparito a la vez hablando.
-       Buenas tardes. - dice Conchi con su habitual seriedad.
-       ¡Hombre! – dice Moni sorprendida, mirando a Amparito - ¿Cómo tú por aquí tan pronto? Porque Tami, bueno...¿Pero tú?
-       Pues sí, no te lo vas a creer pero es que se me ha pinchado una rueda por el camino,yal final me ha recogido la buena de Tami – explica Amparito.
-       Bueno Tami, Tami… esta no sabe conducir - dice Conchi con desprecio.
-      Bueno ella no, su chófer, eso te iba a decir – corrige Moni, siguiendo las intenciones de Conchi.

Tami mientras anda distraída como si estuviera buscando a alguien.
-       Pero, ¿tú qué haces? – pregunta Conchi a Tami.
-      Uf, a ver si le veo otra vez, ¡quétutoría…! - explica Tami.

Conchi y Amparito ponen cara de desaprobación.
-       Oye, he recibido el correo del mindfulness, una asignatura que van a poner. Me parece súper bien - dice Moni cambiando el tema de conversación.
-       Eso es la asignatura nuevade pensar,  ¿no? – añade Tami.
-       Ay Mindfullness… Qué guay, me parece genial que hayan añadido esa asignatura, va a ser de lo único que saquen provecho. - Apunta Amparito
-      ¡Menuda pérdida de tiempo! Pensar se piensa en matemáticas, no es “minfulnis”, o como se diga… - añade Conchi con desprecio. 
-      Mindfullness Conchi, se dice mindfullness - explica Moni con una exquisita pronunciación. 

Conchi, por su parte, le responde con una marcada expresión de asco.
-      Solo te falta decir que podrían ponerles a hacer deberes en ese rato, ¿no? - pregunta Amparito con ironía. 
-      Más deberes no, que los niños preguntan mucho y es un rollo… - apunta Tami.
-      ¿Cómo qué deberes no? ¿Cómo queréis que aprendan vuestros hijos? O practican como si no hubiera un mañana, o no hay forma… - dice Conchi indignada. 
-      Habló la nueva César Bona… - dice Moni. 
-      ¿Qué dices tú ahora? ¿Quién es ese? - contesta Conchi.

Moni se empieza a reír. Llegan los niños y Conchi grita a su hijo de lejos:
-      ¿Traes la sudadera Manolito? Verás como la trae manchada de tomate, que hoy tenían arroz -Susurra por lo bajo, pero con suficiente tono como para que Amparito lo escuche y le conteste con un gesto de desaprobación. 
-      ¿Han comido arroz otra vez? Ya van dos veces… - dice Moni enfadada. 
-      Se van a poner los niños… -apunta Tami indicando con las manos que va a aumentar el volumen abdominal de sus hijos . 
-      ¡No seas exagerada! Déjales que disfruten de la comida, que para eso está - dice Amparito.
-      ¿Exagerada? ¿Yo? Solo estoy diciendo que tienen que comer más verduras, que luego pasa lo que pasa y tenemos niños obesos… - responde Tami. 
-      A ver, en realidad, en lo que tiene que centrarse la escuela es en educar a los niños, que parece que salen de clase como los toros del toril- apunta Conchi con indignación.
-      Cierto, para eso van al colegio y tienen a unos profesores encargados de su educación. Una entre el trabajo, la casa y los niños no puede estar a todo- dice Moni con pose segura.
-      Ay, chicas, o una nani. Que es que os ponéis una mochila en la espalda a lo tonto - comenta Tami, despreocupada.
-      Pero qué más da, si al final ni los padres ni los profesores ni las nanis podemos enseñarles tanto como la vida y la calle, esa es la mejor escuela… - añade Amparito con tono reflexivo.

Conchi, Moni y Tami miran a la vez a Amparito como si estuviese medio loca.


FIN DEL TEATRO






Entrada escrita por: Silvia Legaz, Clara Martos, Alejandra Mendoza y Loreto Rey.


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